Para qué sirve la alfalfa

Introducción

La alfalfa es una leguminosa con altísimo poder nutricional, cuyo uso se ha generalizado en la población mundial. La alfalfa es una planta de larga duración, la cual se encuentra clasificada dentro de la familia de las papilionáceas. Se estima que puede llegar a tener una altura de 80 cm. Los tallos son delgados, erectos y recubiertos por una vellosidad blanca, las hojas son compuestas, trifoliadas y de forma ovalada.

Las flores son pequeñas y de color azul con pétalos alargados de 1 cm; forma racimos que nacen en las axilas de las hojas. El fruto almacena hasta 6 semillas. El organismo humano se ve favorecido con una alimentación que incluya alfalfa porque incorpora  a través de la ingesta del vegetal vitaminas, minerales y proteínas.

La alfalfa es oriunda de la región suroeste de Asia, aunque no se puede fijar un punto específico, se cree que se originó entre Irán y Afganistán. De allí se difundió a través de las caravanas que recorrían esos extensos territorios. Luego llegó a Grecia donde los soldados la utilizaban para alimentar los caballos, en esta nación recibió el nombre medike; de allí pasó a Roma. Ya en el siglo 146 a. C. se la cultivaba de forma intensiva como forraje y alimento humano.

 

El cultivo de la alfalfa se difundió por la Europa dominada por los romanos. Luego de la caída de Roma su cultivo declinó. Gracias a los árabes se restituye su cultivo en Europa. En la cultura musulmana alfalfa se traduce como “el mejor pasto”. Al Nuevo Mundo llegó a través de México en el momento de la conquista (1519), posteriormente se difunde por la costa suramericana del Pacífico y otros países del sur.

 

Beneficios de la alfalfa

La alfalfa posee propiedades superiores comparada con otras especies de consumo humano. Posee ácido ascórbico, ácido pantoténico, ácido cítrico, ácido fumárico. Así mismo, se considera una fuente rica y esencial en vitamina C, Biotina, Colina, Folacina, Niacina, Riboflamina, Tiamina, Vitamina A, Vitamina D y Vitamina K. Es rica en proteínas, fibra, triptófano, arginina, asparagina. De la misma manera, se destaca por su contenido en aluminio, calcio, boro, cobalto, cromo, hierro, manganeso, magnesio, selenio, sodio, silicio y zinc. Todo lo cual resulta de vital importancia en casos de anemia, debilidad, astenia y desnutrición.

Favorece la digestión y la absorción de nutrientes, combate indigestiones e inflamaciones del abdomen. Mejora la condición de pacientes con artrosis o artritis. Esto se logra haciendo un emplasto triturando la planta y se coloca en la zona adolorida. La alfalfa contiene tirotropina TSH que estimula el funcionamiento de la glándula tiroides y ayuda en problemas de hipertiroidismo o hipotiroidismo. A nivel de la piel se la utiliza para tratar el acné, heridas, eccemas, psoriasis y algunos tipos de dermatitis.

La alfalfa cumple una función diurética, que permite el incremento de la secreción y excreción de la orina, purifica la sangre, mejora la función del hígado, mejora la función pulmonar, fortalece los huesos y combate la osteoporosis. Reduce la hipertensión arterial, reduce los riesgos de aparición de cálculos renales. Por sus niveles elevados de manganeso ayuda a los pacientes diabéticos. A nivel farmacológico la industria ha producido complementos nutricionales que estimulan la producción de glóbulos rojos que favorece el restablecimiento de personas anémicas. Desde antiguo se reconoce la alfalfa como una planta que combate el cansancio y la ansiedad, esto se logra preparando una infusión que se puede tomar después de cada comida, también funciona como antipirético.

Propiedades de la alfalfa

Desde la antigüedad se le reconocen a la alfalfa propiedades curativas. La medicina ayurveda utiliza el té de la hoja para atender problemas de los riñones, retención de orina, úlceras sangrantes y artritis. Los chinos llevan más de 1.400 años utilizando el té en caso de trastornos estomacales. Los colonos de Nueva Escocia combatían el escorbuto, regular la menstruación, artritis y retención de la orina. La preparación del té se hace con las hojas de alfalfa o sus semillas.

La alfalfa posee alto contenido de fibra y proteínas, con lo que produce sensación de saciedad. Interviene en la reducción del colesterol y la diabetes, el uso prolongado favorece la pérdida de peso, mejora el funcionamiento de la vesícula, la próstata y reduce la ceguera. Los brotes de alfalfa tienen propiedades antitumorales. Igualmente favorece la producción de estrógenos (biocamina, cumestrol y geninsteína) lo que la hace muy adecuada para tratar los síntomas de la menopausia. Mejora la condición general del organismo lo que tiene un efecto favorable en el crecimiento del cabello y las uñas. En uso externo se la utiliza para combatir hemorragias.

La alfalfa como forraje

En una relación casi simbiótica del hombre con la naturaleza, se destacan los beneficios que una adecuada nutrición de algunas especies animales, como el ganado vacuno, tiene para la subsistencia de los seres humanos. La alfalfa destaca como el forraje más utilizado para alimentar el ganado, permite incrementar la carga animal y el rendimiento en la producción de leche. Casi todos los países de América Latina utilizan hasta en un 80% forraje originado a partir de la alfalfa.

En México se cultiva desde el siglo XVI por su alta calidad forrajera y se destina principalmente para alimentar el ganado bovino lechero. A comienzos del siglo XX se extendió su cultivo, sobre todo en el altiplano mexicano, por elevada calidad y gran rendimiento en la producción. Por otro lado es una planta que contribuye con la conservación de los suelos, ya que permite fijar altas cantidades de nitrógeno, no deja de desarrollarse en suelos salinos o alcalinos.

Contraindicaciones de la alfalfa

La alfalfa no está recomendada en menores de 6 años ni en personas con hipoglucemia. Tampoco su consumo excesivo durante el embarazo porque puede acarrear abortos espontáneos. En caso de tener una enfermedad autoinmune no se aconseja el té de alfalfa sin consulta médica previa. No se debe consumir alfalfa si se está bajo tratamiento anticoagulante.

Germinación de la alfalfa

La germinación es sencilla, para ello se requiere 1 cucharada de semillas de alfalfa, un frasco de vidrio grande para depositar las semillas, una tela o malla y una goma elástica.

Procedimiento:

Se introducen las semillas en el frasco y se cubren con agua, cúbralo con la malla. Luego se deja por 8 horas en un lugar semioscuro. Posteriormente se escurre el agua aprovechando la malla o tela, la que impedirá que se salga la alfalfa. Nuevamente se le agrega agua al frasco en dos momentos del día se repite la operación de vaciado del líquido. Cuando los brotes alcancen un tamaño aproximado entre 2 y 3 cm se escurren y están en condiciones de colocarse en un lugar iluminado, con la cual se producirá clorofila. Al cuarto día estarán en condiciones de comer. Para detener el crecimiento hay que guardarlas en la nevera.

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